Preescolar



Niños de 3 a 5 años

 

Tu hijo o hija aprenderá muchas cosas nuevas entre los 3 y 5 años, desde cómo llevarse bien con otros y compartir sus juguetes hasta sus primeras letras. Infórmate sobre los retos y cambios que le esperan, y descubre estrategias eficaces para criar un niño bien educado, y asentar buenos hábitos.





Puedes empezar a enseñar valores a tu niño de 3 a 5 años como el respeto, ayudar en las tareas de la casa y agradecer los regalos que recibe. Lee por qué es importante que seas un buen ejemplo para él y cómo actuar cuando hace lo contrario de lo que deseas enseñarle.
 Qué puedes hacer

Muestra respeto a los demás. No solemos dar a nuestros hijos el respeto que exigimos de ellos. Puede ser difícil esperar pacientemente que un niño dé su opinión, pero merece la pena. Míralo a los ojos y dile que te interesa lo que te dice. Es la mejor manera de enseñarle a escucharte a ti con la misma atención.

Enséñale a responder con educación. Tu hijo puede mostrar cariño y respeto por otros, empleando buenos modales. En cuanto pueda comunicarse verbalmente, puede aprender a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta con educación y que no te gusta cuando te da órdenes. Asimismo, si tú muestras respeto, le estarás enseñando más que dándole una charla. Di siempre “por favor” y “gracias” a tu hijo (y a otras personas), y aprenderá que estas palabras forman parte de la comunicación normal, tanto en la familia como en público.

Evita perder los nervios. Si tu hijo te llama “mala”, intenta no enojarte (después de todo, tú sabes que no eres mala). Un niño que quiere provocarte, soportará cualquier situación desagradable sólo para conseguir que reacciones. En lugar de hacer eso, mírale a los ojos y dile dulcemente pero con firmeza: “En esta familia no nos insultamos”. Entonces muéstrale cómo conseguir lo que desea con respeto: “Cuando quieras que juegue contigo, pídemelo de manera agradable. Di “mamá por favor, ¿puedes jugar conmigo a las muñecas?”

Prepárate para diferencias de opinión. La vida sería mucho más fácil si nuestros hijos siempre nos hicieran caso, pero la naturaleza humana no es así. Procura recordar que cuando tu pequeño no se comporta como tú deseas, no es que intente ser irrespetuoso; simplemente, tiene una opinión diferente a la tuya. Enséñale que le irá mejor si aprende a dejar de expresarse de manera irrespetuosa (“Nunca me llevas al parque, ¡mamá mala!”) y en lugar de eso aprende a pedirte las cosas de manera positiva (“Por favor, ¿podemos ir al parque después de hacer la compra?”).


Establece límites. Una de las mejores maneras de demostrar respeto es ser amable y firme a la hora de disciplinar. Ser amable demuestra respeto por tu hijo y ser firme demuestra respeto por lo que hay que hacer. Así que si tu hijo tiene una rabieta en el supermercado y no te sirve ninguna de tus tácticas, llévatelo al auto y siéntate a leer una revista hasta que termine su rabieta. Luego, puedes decir con calma: “Ahora ya estás preparado para probar de nuevo”, y volver a la tienda. Poco a poco aprenderá que una rabieta no altera el hecho de que hay que hacer la compra.

Háblalo más tarde. A veces, la mejor manera de manejar un comportamiento irrespetuoso es comentarlo con tu hijo más adelante, cuando los dos hayan tenido la oportunidad de calmarse. Puedes reconocer sus sentimientos y reforzar tu punto de vista diciendo: “Sé que estabas muy disgustado, ¿por qué crees que ha sido? ¿Cómo puedes resolver el problema? ¿Cuál sería una manera más respetuosa de decirme cómo te sientes?”. Si tu niño sabe que te interesa lo que piensa y siente, seguramente llegará a la misma conclusión que llegarías tú.

Alaba el comportamiento respetuoso. Refuerza las muestras inesperadas de buena educación de tu hijo siempre que puedas, pero sé específica. Tendemos a decir “buen chico” o “buena chica”. En lugar de eso, di: “Gracias por decir por favor cuando me has pedido un dulce”, o “gracias por esperar tu turno mientras los demás niños pedían su helado”. Tu hijo aprenderá rápidamente que sus esfuerzos merecen la pena y que los aprecias.








                                     Qué cabe esperar a esta edad

Procurar que un niño de tres a cinco años se comporte con respeto es como pedirle peras al olmo. Esto se debe en parte al hecho de que sus habilidades lingüísticas aún están desarrollándose. Así que cuando le dices que es hora de ir a la cama, es poco probable que te responda diciendo: “Lo estoy pasando bien en el baño ¿sería mucho pedir que me dejes jugar cinco minutos más?”. Lo más probable es que salpique y grite “¡No!” en tono de rebeldía y mirándote con sus ojillos traviesos.

Los niños de esta edad comienzan a preguntarse cuánto poder tienen sobre la familia y te ponen a prueba. Actuar así forma parte de su desarrollo, pero no esperes a enseñarle a tu hijo la importancia del respeto: a pesar de que los niños de tres a cinco de edad tienen la necesidad de probar sus límites, puedes y debes comenzar a enseñarles buenos modales ahora.




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¿Cómo convenzo a mi niño para que se lave las manos después de usar el baño?

Si tu niño tiene la edad suficiente para usar una bacinica u orinal, también puede imitar lo que tú haces después de usar el baño. Déjalo observar tu rutina usual, que incluye cómo te lavas las manos. Si te ve hacerlo, probablemente empezará a asociar el lavado de las manos con ir al baño. Hazlo subir a un banquito para que alcance bien el lavabo, y ayúdalo con el agua y el jabón.

Para reforzar su comportamiento, puedes darle un premio, como una estrellita o un abrazo. Si también le das una estrellita o cualquier otro premio por usar la bacinica, separa un premio del otro. De esta forma, si consigue usar la bacinica con éxito pero se le olvida lavarse las manos, todavía sentirá que ha logrado algo. Después de un tiempo, lavarse las manos después de ir al baño llegará a ser algo automático para él.

Enséñale también a lavarse las manos antes de comer. ¡Y asegúrate de ser un modelo de buen comportamiento para tu niño lavándote las manos tú misma! 

Leé cual es la técnica ideal para lavarse las manos y evitar infecciones

Lavarse las manos: la técnica ideal para padres y niños
v  Como lavarse las manos bien
v  Lavarse las manos: historia de esta forma de controlar las infecciones

Adaptado en parte de información provista por los Centros de Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) Lavarse las manos es sencillo y es la mejor manera de prevenir resfriado, influenza o gripe y otras infecciones y enfermedades en casa, la escuela o el trabajo. Aplicar una buena técnica a la hora de lavarte las manos, y enseñarle a tus hijos a hacer lo mismo, es una poderosa táctica que tienes para mantener a tu familia saludable.

La regla básica es que hay que lavarse las manos antes de preparar comida y después de tocar pollo y carne crudos; antes de comer; después de cambiar pañales, después de toser, estornudar o sonarte; y después de ir al baño.

Cómo lavarse las manos bien



Higiene adecuada para lavar las manos con agua y jabón

Mójate las manos con agua corriente limpia y ponte jabón. Si es posible, usa agua caliente.
• Frótate las manos para formar una capa jabonosa y restriega todas las superficies de tus manos.
• Continúa frotándote las manos durante 15 a 20 segundos. Enséñales a tus hijos a recitar el abecedario o el "Cumpleaños feliz" para que se froten las manos con jabón al menos por unos 20 segundos.
• Enjuágate las manos bien con agua corriente.
• Sécate las manos con una toalla de papel o un secador de aire. Si es posible, usa la toalla de papel para cerrar la llave del agua.
• Usa siempre agua y jabón para lavarte las manos cuando estén visiblemente sucias.

Higiene adecuada para lavar las manos con un desinfectante a base de alcohol


• Aplícate el gel desinfectante en la palma de una mano.
• Frótate las manos.
• Frota el gel en todas las superficies de tus manos y tus dedos hasta que tus manos estén secas.

Puedes comprar botellitas pequeñas de gel desinfectante o una grande, y usarla para rellenar botellas pequeñas.

También es posible hacer tu propio gel en casa. Si haces una búsqueda en Internet sobre "Cómo hacer en casa gel desinfectante" encontrarás muchas recetas. Para que sea eficaz, un gel desinfectante debe llevar 60% de alcohol.

Lavarse las manos: historia de esta forma de controlar las infecciones

La primera persona que demostró que lavarse las manos podía prevenir el contagio de enfermedades fue un doctor húngaro, Ignaz Semmelweis, a mediados del siglo XIX. En aquella época, la gente no sabía que los gérmenes causaban enfermedades y no se consideraba importante lavarse las manos.

Semmelweis trabajaba en un hospital de Viena, donde las pacientes de una sala de maternidad tenían un índice de mortalidad tan alto que rogaban que las mandaran a casa. La mayoría de las mujeres recibían tratamiento de manos de estudiantes de medicina que, antes de verlas a ellas, iban a una clase de anatomía y trabajaban con cadáveres.

Naturalmente, como no se lavaban las manos después de la clase, transmitían las bacterias de los cadáveres a las madres. El resultado era que en ese ala del hospital, las madres que daban a luz morían cinco veces más que en otra ala del mismo hospital, donde las atendían otros doctores. Semmelweis insistió en que sus estudiantes se empezaran a lavar las manos después de la clase, y las muertes en la clínica de maternidad se redujeron de inmediato.

Hoy, el lavarse las manos se considera la herramienta más importante que tiene un trabajador del área de la salud para prevenir infecciones. Sin embargo, en aquella época, cuando el Dr. Semmelweis sugirió que se adoptara esta higiene rutinariamente en todo el hospital se rieron de él. Pasaron más de 50 años antes de que la importancia de lavarse las manos como medida de salud preventiva se aceptara en todos los círculos médicos.


 

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